
Desde el antiguo Egipto, hace ya miles de años, conocemos una de las más interesantes leyes herméticas, la ley de Vibración, y esta dice: nada se encuentra absolutamente inmóvil, todo vibra, y todo permanece en movimiento perpetuo. Así logra explicar que tanto la materia, la mente y el espíritu son simplemente manifestaciones con diferente nivel de vibración. Además, se afirma, que desde el Todo hasta la materia más grosera están en vibración. Y es así, como la vibración del espíritu resulta de una intensidad altísima, infinita, de tal nivel que podría casi llegar a considerarse como si estuviera en reposo, por otra parte también existen manifestaciones excesivamente densas que poseen una intensidad vibratoria prácticamente nula. Para explicarlo de otra manera, cada elemento de la naturaleza tiene asociada una característica propia de frecuencia vibratoria, es decir tiene la propiedad de vibrar dentro de una banda de frecuencias, así también tiene la capacidad de capturar o rechazar otras frecuencias diferentes en un proceso denominado resonancia. También encontramos elementos, como por ejemplo piedras o cristales, que pueden realizar verdaderos prodigios en el campo áurico energético, al transmutarlo o modificarlo cuando se los ubica en puntos muy precisos correspondientes tanto a una persona, un ser vivo o un sitio, al cual se desea modificar energéticamente algún aspecto. Cada día, en cualquier sitio que nos encontremos, nos relacionamos con algún tipo de vibración diferente a la nuestra, ya sea el espacio que transitamos, las personas con las que nos encontramos, la luminosidad o el entorno acústico que nos envuelva. Cada uno de esos encuentros o relaciones puede hacer que nuestro sistema o composición energética cambie, se altere o transmute, provocando situaciones que por lo general se explican como de malestar, molestias extrañas, insomnio, stress, irritabilidad, temor, angustia , apatía, mal humor, pesadillas, etc., que como consecuencia traen aparejados la aparición de enfermedades, trastornos (físicos, mentales, espirituales), desencuentros de relación, inconvenientes laborales, bajo rendimiento físico o mental, o entorpecimiento del proceso evolutivo.
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