
Surge en lo alto, en un manantial y comienza a fluir.
Si se topa con un pozo no intenta esquivarlo sino que lo acepta,
se introduce en él hasta desbordarlo y continúa fluyendo.
Si se encuentra con una roca no intenta luchar contra ella,
sino que la bordea suavemente y continúa fluyendo.
El agua confía en que el camino la conducirá finalmente al mar.
Tú puedes confiar en que tu camino
–por más que se presente como difícil-
te conducirá finalmente a la plenitud.
Renunciar a la lucha por conservar lo viejo y fluir hacia lo nuevo,
suele ser el pasaporte a una realidad más feliz.
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